Todos conocemos la característica barra que hemos visto en múltiples películas donde mujeres y hombres realizan bailes de striptease acompañándose de música y poca ropa. Los bailes sensuales asociados a esta barra se han ido transformando, poco a poco, en algo más, lo que ahora se conoce como pole dance. Este término cada vez está más asociado al ejercicio físico, incluso existen asociaciones que comienzan a plantear que se presente como un deporte olímpico.

Un poco de historia

Existe una tradición india, por más de 800 años, en la que, a modo de entrenamiento y competición, se utilizaba un poste de madera lisa con el que tenían que realizar diferentes ejercicios. En sus orígenes solo estaba destinado a luchadores y tenía por finalidad desarrollar más velocidad, mejores reflejos, la concentración y la coordinación de estos. No fue hasta ya pasados varios siglos, cuando se permitió que otro tipo de hombres, no luchadores, y mujeres, participaran de este tipo de ejercicio.

En China existe un deporte parecido conocido como Chinese Pole o vara china. Se puede identificar más fácilmente ya que es ejercitado de una manera más circense, creando acrobacias por personas ya profesionales. La barra que usan está entre 3 y 9 metros de alto.

Fue ya en los años veinte cuando se tiene más constancia de este tipo de actividad en Occidente, sobre todo en los cabaret parisinos, donde se comenzó con espectáculos de burlesque a los que más adelante se le sumarían los ya conocidos stripteases.

¿En qué consiste el pole dance?

Se trata de una actividad física en la que se tiene una barra como elemento central. En su modalidad de baile se realizan movimientos acompañados por música, mientras que en su variante más fitness son ejercicios que ayudarán a tonificar todo nuestro cuerpo. En realidad, aunque la clase de pole dance se enfoque más en un tipo u otro, ambos se entremezclan a la hora de practicarlo. Esto sucede así ya que la práctica tiene como objetivo tanto sentirse sensual como moldear todo tu cuerpo mientras se pasa un buen rato.

No se trata de un deporte exclusivo para mujeres, como muchas personas puedan pensar, sino que los hombres también pueden disfrutarlo. Los ejercicios se componen de giros, subidas, pasos de baile… y entre sus beneficios también se encuentra el aumento de la autoestima, ya que no solo ayuda mejorar nuestra figura, sino que también ofrece beneficios como disminuir el estrés y la fatiga o dar mucha seguridad y confianza a quienes lo practican.

¿Quién no se sentiría sexy al verse capaz de tales movimientos? El baile, los giros y las posturas ayudan a disfrutar de los propios cuerpos, a ser conscientes de la propia sensualidad que desprendemos cuando nos sentimos seguros o seguras de nosotras mismas. Deja de tratarse de dar un espectáculo para vernos como un cuerpo deseado, a poner en firme nuestra sexualidad. Podemos, si quisiéramos ya más en la intimidad, acompañar el ejercicio con lencería más sensual y provocativa y así, de esta forma, sentirnos aún más atractivas. Entonces, ¿por qué no animarse?