Todo el mundo recuerda cómo fue su primera vez: los nervios, las ganas, el miedo a no saber. Hay quienes deciden esperar a hacerlo con una pareja, alguien con quien tengan la suficiente confianza, ya que la primera vez es un momento muy personal, aunque también existen personas que lo ven como un mero trámite, un acto que hay que realizar para comenzar a disfrutar de las siguientes veces. Ambas posturas son totalmente respetables y solo dependen de la decisión de cada uno.

¿Qué es la virginidad?

Ya en pleno siglo xxi son muchas las voces de profesionales de la sexología y la psicología que nos explican que la virginidad es un producto social que, por mucho tiempo, estuvo ligado a un determinado acto físico: la penetración, en el caso de los hombres y a la rotura del himen, en el de las mujeres.

Actualmente se entiende que esto ya no es así, sobre todo el caso de las mujeres, ya que el himen puede romperse por otros factores o, incluso, no llegar a hacerlo durante la primera relación sexual.

Durante mucho tiempo la virginidad, femenina mayoritariamente, ha funcionado como un instrumento de control. Las mujeres debían de casarse vírgenes, ya que solo podían entregarse a sus maridos y, para comprobar que esto había sido así, la noche de bodas debía aparecer la sábana manchada de sangre, consecuencia de esa supuesta rotura de himen.

Hoy en día, en la mayoría de los países, este concepto ha evolucionado y se puede decir que vivimos un nuevo tiempo en el que, al contrario de lo que sucedía, ahora parece existir una presión social a la hora de perder la virginidad.

¿Es posible volver a ser virgen?

Si nos basamos en que ser virgen significa no haber tenido relaciones sexuales nunca, la respuesta es clara: no, no podemos volver a serlo. Como todo, solo hay una primera vez para hacer algo, y el sexo no es distinto a lo demás.

Lo que sí se está observando en los últimos años es que hay personas que quieren revivir ese acto físico como si fuera la primera vez, por lo que es cada vez más habitual que se escuche hablar de la reconstrucción del himen.

Esta operación, que sobre todo es más habitual en Estados Unidos, puede ser consecuencia de varias razones. Una, que ya hemos mencionado, es querer vivir la experiencia física de ese momento, aunque es obvio decir que, como tal, solo la podría vivir la mujer. Dos, por razones personales, que la mujer haya hecho entender que es virgen y tenga que demostrarlo de alguna manera. Y tres, puede que se trate de algún motivo fetichista de la mujer, del hombre o de ambos.

Vivir la experiencia de nuevo

Perder la virginidad entonces es mucho más que el acto físico. Como hemos comentado, también son los nervios, la confianza, las ganas y las expectativas que solo se pudieron vivir una sola vez, pero ¿podemos hacer algo para revivirlo? ¿Quién no se ha sentido nervioso cuando se va a acostar con alguien por primera vez?

No podemos volver a ser vírgenes, pero podemos disfrutar mucho más de la primera vez con alguien. Tenemos experiencia, nos sentimos más cómodos y cómodas, nos ponemos cierta lencería o ya guardamos en nuestro cajón algún juguete que sabemos que nos dará una gran noche de placer. Podemos, al fin y al cabo, jugar a tener una primera vez con alguien muchas más veces y eso, al final, resulta mucho más divertido, ¿no es así?